El proceso de la Salvación:

El papel de Dios

En la parte divina de la salvación, Dios, en su soberanía actúa para asegurar la salvación para todos los pecadores, a través de:

Elección:

Por Gracia Dios escogió la salvación en Cristo para aquellos que Él sabía que lo aceptarían (ver Efesios 1:4-5) El apóstol Pablo dijo: Porque a los antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29)

Regeneración:

Dios nos vivifica en Cristo, permitiéndonos experimentar un nuevo nacimiento (ver Juan 3:33) Sin un nuevo nacimiento estamos “muertos en delitos y pecados” (Efesios 2:1)

Justificación:

Cuando Dios nos justifica nos declara inocentes delante de Él y abona toda la justicia de Cristo en nuestra cuenta. La justificación representa tanto el perdón de nuestros pecados como la justicia que Él nos da (ver Romanos 3:28, 5:1)

Adopción:

Adopción quiere decir “Colocar a un hijo”. Dios nos da los derechos completos de la herencia en Su familia como si hubiésemos nacido en ella (ver Gálatas 4:4-5, Efesios 1:5). Porque somos hijos de Dios podemos llamarle Abba Padre , es decir “Papito” (Romanos 18:15). Como hijos de Dios podemos tener la confianza de que nos entiende, nos cuida y nos bendice.

Santificación:

Cuando nos hacemos cristianos Dios nos santifica, es decir, nos separa o nos aparta para Él, en posición y práctica, esto de manera permanente. (1 Corintios 6:11, 2 Tesalonicenses 2:13). Por medio de la santificación nos volvemos más y más como Jesús por la obra del Espíritu Santo.

El proceso de la Salvación:

El papel de la humanidad

Así como hay una parte divina en la salvación, también hay un lado humano que se manifiesta por medio del “libre albedrío”:

La fe y el creer :

Reconocer a Jesucristo, no sólo con nuestra cabeza, sino también con el corazón (ver Juan 3:18; 5:24; 6:47; Romanos 10:9). La fe es una confianza firme, involucra nuestro intelecto, emociones y voluntad propia (ver Marcos 4:16-17; Romanos 10:9, 17; Efesios 2:8-9; Hebreos 11:1, 6)

Aceptación:

El creer en Jesucristo y una fe verdadera nos llevan a aceptar y confesar a Jesucristo como Señor (ver Romanos 10:9-10). El apóstol Juan confirma esto cuando escribe “Mas a todos los que le recibieron, los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12)

Arrepentimiento:

Esto es un sincero y completo cambio de mente y corazón frente al pecado (ver Salmo 51:3; 2 Pedro 3:9). No sólo debemos dejar nuestro pecado, sino que también debemos regresar a Dios (ver Hechos 3:19; 26:18; 1 Tesalonicenses 1:9)

El resultado de la salvación

Dios nos creó y Cristo nos compró para que podamos conocerle, caminar con Él y glorificarle (ver Efesios 1:11-12). También quiere que llevemos mucho fruto (ver Juan 15:8; 13:34-35) mientras invertimos nuestra vida en su servicio (ver Mateo 16:24-26; Gálatas 6:10)

Llevamos fruto ganando a otros para Cristo y ayudándoles a crecer espiritualmente (ver Romanos 1:13; Proverbios 11:30); compartiendo nuestras bendiciones con otros (ver Filipenses 4:17); adorando y agradeciendo a Dios (Hebreos 13:15) y por medio de nuestra conducta y carácter, viviendo vidas transformadas (Gálatas 5:22)

Algunas personas creen que porque han orado “para recibir a Cristo” pueden vivir como mejor les plazca, pero la salvación se manifiesta a través de una vida transformada (2 Corintios 5:17) y motiva a los creyentes a seguir el propósito de Dios para sus vidas.